La excusa perfecta   

Autor: Unai Melgosa  

No todo es estrés. Se observa con demasiada frecuencia en la sociedad que vivimos un abuso del síndrome de estrés como excusa idónea a la hora de afrontar nuestros problemas. El estrés puede convertirse en una enfermedad lo suficientemente importante como para que andemos jugando con ella alegremente. Es cada vez más habitual oír de nuestros jugadores términos como: “Es que el entrenador me bloquea”, “es que ya no aguanto más, es demasiada la exigencia”. Son los jugadores del “ESQUE”. Siempre tienen a mano una excusa que les impide desarrollar su juego en plenitud, y la favorita de ellas es la que recurre al entrenador como TOTEM de todos sus problemas. De hecho, probablemente, si no estuviera el entrenador, ese jugador sería internacional absoluto. Muchas de estas respuestas por parte de los jugadores, están alimentadas desde casa por padres que utilizando como fórmula la hiperprotección (…esa pequeña forma de maltrato) refuerzan en sus hijos la idea de que efectivamente “el problema no eres tú, sino el tirano del entrenador”, sumando así un nuevo inválido emocional a nuestra sociedad. Gracias a Dios, la mayoría de los padres no son así.

No se quiere más a alguien por decirle lo que quiere oír. A veces, hay que enfrentar a las personas a su propia realidad y hacerles ver que uno no es perfecto y que comete equivocaciones. Muchos jugadores de hoy en día no aceptan las correcciones, tienen una bajísima tolerancia a la frustración y se paralizan al primer contratiempo. Durante varias semanas hemos insistido en la idea del reforzamiento como método básico de aprendizaje, pero esto no conlleva que al jugador no haya que corregirlo y no haya que hacerlo pasar por situaciones de dificultad que ha de resolver para crecer como futbolista y como persona. Poco bien hacemos al jugador tratando de meterle en nuestra burbuja de cristal, evitándole cualquier tipo de frustración emocional. Necesitamos que nuestros jugadores sean más fuertes psicológicamente, que aumente su capacidad de sacrificio y que el umbral de la frustración sea más elevado. Y esa labor no es sólo del entrenador, ni es válida únicamente para el fútbol.