La riqueza del lenguaje del fútbol. “MARCAR”

 

En algunas de mis crónicas he escrito, quizá en un tono algo despectivo, que el lenguaje o argot del fútbol era algo limitado, pero que cuando escribes sobre este deporte intentando explicar cómo se ha desarrollado un partido entre dos equipos, no tienes más remedio que utilizar palabras específicas o bien palabras de uso general con un significado especial. Cuando releo las crónicas me doy cuenta que utilizo un montón de palabras o frases que creo encierran en sí mismas cosas curiosas. Esta semana, que no he enviado crónica sobre el Itzubaltzeta – Trapagaran, porque como sabéis, me gusta más hacerla cuando el equipo juega fuera de casa, quiero compartir con vosotros estas curiosidades del lenguaje de fútbol.

Así, con frecuencia, utilizo el verbo “marcar” para indicar que un determinado jugador ha metido un gol. La palabra “marcar” en sentido no futbolístico puede significar algo así como resaltar, hacer notar. Por ejemplo, ¿quién no ha oído decir o ha dicho?: “fulano iba marcando paquete” o sea, que tenía más atributos que Kepa Ketón, o si no los tenía, el fulano en cuestión, quería hacernos creer que en la entrepierna tiene algo digno de que se le note. Por el lado femenino está la frase “se le marcan los pezones”, que todo el mundo se imagina lo sexy que resulta este hecho especialmente cuando están cubiertos por una camiseta mojada. Me imagino que nadie se estará escandalizando, pues este tipo de fantasía está entre las 5 primeras más sexys de una lista que hace un par de años circulaba por internet. También en las peluquerías se va a “lavar y marcar” refiriéndose al pelo, a la melena, a que se le fije de una determinada forma estética algo más duradera que lo habitual. En el programa ¿quiere usted ser millonario?, Sobera, enarcando una ceja, se pasa todo el tiempo diciendo ¿marcamos?, en el sentido de fijar la respuesta que elige el concursante de turno. Hasta ahora la palabra “marcar” está relacionado con algo así como dejar constancia de algo, que quede claro de lo que tengo, de lo que elijo, de lo que siento, de lo que creo que debe hacerse (“marcar las pautas”), etc. De alguna manera, las “marcas” que usamos o que nos hacemos (piercings, tatuajes, etc.) nos personalizan aún más, nos hacen aún más únicos e irrepetibles o al menos eso es lo que inconscientemente creo que pretendemos (espero que no haya psicólogos entre los que lean este texto). El amplio uso general de esta sencilla palabra, también se ve reflejado en el más específico del fútbol. Así, una palabra que significa sencillamente meter un gol, se ha transformado por parte de los comentaristas de fútbol en multitud de definiciones, todas ellas muy cursis en mi modesta opinión. Pondré de ejemplo frases que recuerdo haber oído en la radio o la TV y siempre teniendo como sujeto al balón: “introducirlo al fondo de la red” o “introducirlo al fondo de la portería” (red y portería para estos comentaristas son sinónimos) o “enviarlo al fondo de la red” o “el balón quedó alojado en el fondo de la red” o “colarlo entre los tres palos” (esta la he usado yo alguna vez y me arrepiento) o “rematar a la red”. Si tomamos como sujeto el jugador que mete el gol: “¡qué bien resolvió la jugada!” o “ha transformado en gol un penalti”. Pero la que más me gusta y yo le veo históricamente más sentido, es la que nos indica “subir al marcador”, al menos, tiene que ver con “marca” o “marcar”. La acepción de “subir” en este caso es incrementar la escala, es decir anotar incrementos de menor a mayor, desde el cero. Lógicamente, hasta ahora, en el fútbol, no se puede “bajar al marcador”, salvo que se refiera como “marcador” a la persona que refleja en un cartel el resultado de un acontecimiento deportivo y esté en una posición elevada. No es coña, pero si recordáis los que ibáis a San Mamés en los tiempos del “Txopo” y de Rojo, había un señor, que ponía los unos, doses, treses, etc. en el marcador situado entre Preferencia Norte (antes general) y Tribuna Este, justo donde ahora suelen situarse algunas peñas rivales. Hoy en día, también habrá un señor que teclea los goles para que se reflejen en el “marcador electrónico”. En Gobela, sin ir más lejos, el que hace las funciones de “marcador” en los partidos del Itzubaltzeta infantil es Santi, nuestro orondo delegado, si bien es cierto que en varias ocasiones mediante silbidos o llamadas al móvil le hemos tenido que recordar sus obligaciones como “marcador”. El árbitro de un partido, por ejemplo, es otro “marcador”; en realidad es el único “marcador” oficial y válido, pues debe anotar con marcas y en un pequeño papel, los goles, los cambios y todas las incidencias que haya para poder reflejarlas al final en un acta que es como la palabra de Dios.

Pero también en el fútbol la palabra “marcar” tiene otro sentido no menos importante; yo entiendo que es “fijar a un contrario, principalmente delantero o distribuidor para dificultar su juego de ataque”. Los entrenadores suelen quejarse diciendo “no se han respetado las marcas”, pero en realidad están queriendo decir que a fulano “hay que echarle el aliento en la nuca”, “no hay que dejarle respirar”, “hay que pegarse a su espalda”, “hay que agobiar al que lleva la manija” (vaya chorrada lo de la manija, seguro que su creador fue “butanito”). Incluso al riojano le he oído decir: ¡cuidado con las marcas!, ¿quién marca al 9?. Joder, parece que nos atacan las marcas o que debemos de marcar al 9 como si fuera una ternera en manos de John Wayne.

En fin, que a falta de crónica, bueno es que comprobemos que en esto del fútbol, estamos todos equivocados y que yo mismo que creía que su lenguaje era limitadito, simplemente mediante una pequeña reflexión sobre uno de sus términos, he comprobado que es hasta rico, que tiene cierto grado de chispa y ridiculez pero que todos estamos encantados de vanagloriarnos de conocerlo y de utilizarlo cuando la ocasión es propicia. Otro día, más.

 

Luis Labeaga (21 de febrero de 2007)