La difícil tarea de ser padre   

Autor: Unai Melgosa  

A lo largo nuestra vida la sociedad nos ofrece la posibilidad de aprender cantidad de cuestiones. Nos enseñan a sumar, a conducir un coche, a cocinar, incluso a jugar al fútbol (a veces no tan bien como desearíamos). Sin embargo, esta misma sociedad tan preparada para unas cosas no nos enseña ni unas mínimas nociones sobre cómo educar a nuestros hijos (poco a poco se empiezan a ofertar algunos cursos). Los padres se encuentran de esta manera en una situación de indefensión y tratan de hacerlo lo mejor posible desde la buena voluntad y el amor para con sus hijos /as. Confiar nuestros hijos a una persona ajena resulta duro para algunos padres y madres. De manera inconsciente pensamos que nadie mejor que uno puede educar a nuestro hijo /a. Proyectamos nuestros temores en el entrenador, a veces con pensamientos de miedo (“¿y si le pasa algo a mi hijo?) otras dejando en entredicho las cualidades del mismo (“es que no tiene ni idea”). Este punto es un ejercicio de ruptura con los lazos filiales que nos unen a nuestros pequeños, y cuyo paso es importante dar para comenzar el proceso hacia la autonomía del niño /a.

 Ø      El éxito consiste en esforzarse al máximo 

Un necio es aquel que sabe el precio de todas las cosas y el valor de ninguna. Nos han enseñado a valorar a la gente por lo que consiguen y lo que tienen, no por lo que son. Es difícil aceptar las frustraciones que inevitablemente sufren nuestros hijos en el ámbito deportivo, también es complicado aceptar como padres que nuestros hijos tienen una serie de limitaciones físicas, técnicas, biológicas, psicológicas o de otra índole que, en ocasiones, les impiden desarrollar determinadas actividades con precisión. Pero es importante que las aceptemos con la mayor naturalidad posible y cuanto antes, ya que a partir de esa renuncia al “hijo perfecto” podremos ayudarle a superar sus limitaciones y, si no es posible, a convivir con ellas de forma natural. Es más importante dedicar algún tiempo a hablar y compartir con nuestros hijos sus inquietudes que recriminar constantemente desde la banda los errores cometidos: Lamentablemente usted no puede jugar, seguro que lo haría muy bien... pero esta partida la juegan otros.

 Ø      Porque pierde, porque falla ¿ Por qué se enfada usted?, ¿por qué grita como un energúmeno?

 Con la mejor intención del mundo, a algunos padres y madres les supera la actividad deportiva. Muestran conductas carentes de todo tipo de autocontrol y al tiempo, exigen calma a sus hijos. Es curioso, piden lo que ellos no saben dar. Otros, se enchufan a su play station particular y radian el partido como Butanito en sus mejores tiempos. No se les escapa un detalle, saben de controles, pases, desmarques, repliegues, contraataques... sólo un error: No dejan tomar decisiones a sus protagonistas. No les dejan ni equivocarse. Proyectan su fracasada vida deportiva en la tierna inocencia de sus criaturas, no permitiéndoles que sientan el vacío del fracaso que ellos padecieron. Otro error: Para aprender a andar hay que caerse y frustrarse, si no se lo permitimos les condenaremos a la sillita de ruedas eternamente. Todo esto parte de una pequeña y  sutil forma de maltrato que se llama hiperprotección. El concepto de tolerancia a la frustración me parece de vital importancia en el deporte. Es entender el fracaso como parte de un proceso de maduración y aprendizaje.

 Los padres y madres son  FUNDAMENTALES en el fútbol. Mi enhorabuena a esa mayoría de padres y madres que con sus actuaciones benefician el porvenir deportivo de sus hijos